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O de chistes ya tan olvidados, que cuando los cuentas, parecen nuevos; la pega es que muchos súbditos del Reino, debido a la cultura general cada vez más menguante, no entienden estos chistes antiguos, o los entienden mal y hay que explicárselos, y explicándolos pierden su gracia, pero existe el truco de adaptar el relato a los tiempos modernos, tal que asi, y…Imagen relacionada…”¿saben el de Quevedo cagando por la ventana?; pues estaba Quevedo en Barcelona, en el piso de unos amigos, cuando la vivienda fue tomada por unos Manteros oKupas, esbirros de la Alcatriz Colau.  A estos oKupas, recién bajados de sus árboles, los habían metido en el barco de una Oenegé (ONG), y traido a España, por lo que no habían tenido tiempo de pulir un poco su naturaleza primitiva, carácter que los llevó a destrozar el piso de los amigos de Quevedo, empezando por lo que menos les gustaba, el WC y el baño; y no hubo más remedio que hacer las necesidades por la ventana. En estas que estaba Quevedo defenestrando sus heces, por la ventana que daba a la calle principal, cuando ¡ZAS!, de repente oyó unas voces histéricas desde abajo, en la calle, gritando, con acento argentino, lo que le pareció su nombre, ¡QUEVEDO, QUEVEDO!, o eso creyó oir; en el chiste Quevedo estaba medio sordo, y en esta versión moderna, alguno de los Okupas le habría afanado el sonotone.  Efectivamente, ahí abajo estaban tres argentinos, separatistas y catalanistas ellos, que miraban arriba, hacia la ventana y lo que Quevedo había tenido a bien asomar para cagar; y no chillaban ¡QUEVEDO!, sino ¡QUÉ VEO, QUÉ VEO!, pues no salían de su asombro ante la edificante visión de tan literato culo. Pero el bueno de Quevedo seguía creyendo que los argentinos, uno de ellos nada menos que una monja, invocaban su nombre admirados, y en voz alta comentó, ¡ONDIÁ!; si que soy famoso, hasta por el culo me reconocen.”

Ahí acaba, técnicamente, lo que es el chiste en sí, mas no la historia, ya que Quevedo y sus nuevos compañeros oKupas observaron que la plasta le había dado de lleno a Sor Caram, la monja argentina, que hasta ese momento paseaba tranquilamente con sus compatriotas y correligionarios catalanistas. A nuestro buen literato  aquello algo le preocupó, pues era conocedor de las amistades e influencias de la religiosa, pero no demasiado, ya que era buen espadachín y pendenciero.

Pero los que sí celebraron mucho la buena puntería del poeta fueron los Manteros Okupas, Islamistas Furibundos que eran, como casi todo lo que traen por mar las Oenegés (ONGs).

  (“Sea Rescue” my ass, “Rescate Marítimo”, sí bueno…)

Y no fue hasta más adelante, cuando los bombardeados argentinos, monja incluida, ya se habían marchado, y los oKupas calmado su Islámico Jolgorio, que a Don Francisco de Quevedo y Villegas le visitaron las musas, o le entró la inspiración, como dirían los cursis; la verdad es más bien que se le ocurrieron ideas, que de todos modos el pobre hombre tuvo que modificar; y mucho. Aunque quizá puedan reconocer alguna cosa…

“Éranse unos monjiles hábitos

a una plasta pegados,

érase una caca descomunal,

una gran mierda monumental,

érase una que al salir,

tan épico el alivio érase,

que ni falta hacía,

de la cadena tirar

al muy satisfechos,

la imperial cagada

poder así eliminar”.

Y es así como surgió, de la mente creativa de este maestro de las letras, uno de sus poemas más celebrados, aquí apenas reconocible por las modificaciones que hubo que hacer luego para su publicación.  

A Kiko y Juan, que de pequeños, cuando estaban en la Edad Burral, en la mesa me pedían que les contara un cuento, y en vez de eso siempre les contaba este chiste, como si fuera una historia; un éxito, ya que me pedían este “cuento” una y otra vez. Naturalmente las monjas no eran argentinas, la ciudad tampoco era Barcelona, ni ninguna otra en concreto, Quevedo no estaba con Okupas, pero sí algo sordo, y nadie le había quitado el “sonotone”, entre otras cosas porque en aquel relato ni se mencionaba ni se había inventado.