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Por una vez, un breve post sobre un acontecimiento histórico, serio, y que vale la pena recordar…

 En 1927, 20 de Mayo, despegó del Aeródromo Roosevelt de Nueva York un pequeño avión monomotor de marca Ryan, matrícula N-X-211, bautizado con el nombre de Spirit of St. Louis; el único tripulante era su piloto, Chales Lindbergh, que una vez en el aire, puso rumbo al Aeropuerto Le Bourget de París, Francia, destino de un viaje en solitario de unas 3600 millas, 5.800 kilómetros, la mayoría sobre el Atlántico Norte. 

 Llegó la noche del día siguiente, 21 de Mayo, 33 horas y media después, en un vuelo sin escalas.

Aquel vuelo de 1927 era el primero entre las dos ciudades, Nueva York y París, y el primero en cruzar el Atlántico Norte de Continente a Continente. Charles Lindbergh pasó, de ser de un piloto bien conceptuado en los círculos de la profesión a ser mundialmente conocido, además de ganar el Premio Orteig, dotado con 25.000$, para el primero que uniera las dos ciudades  cruzando el océano en avión; avión, el de Lindbergh, construido con ese único propósito con un costo final de unos 10.000$…de la época.

Otros antes que Lindbergh lo intentaron sin éxito, la mayoría (si no todos) con dos o más tripulantes y con dos o más motores (polimotores); el de Lindbergh (un monomotor) fue probablemente el proyecto más barato de todos, lo que añade mérito a la hazaña.  El diseño y la fabricación se hicieron  con este solo propósito, siguiendo las especificaciones de Lindberg,

que básicamente eran las de construir  un bidón de gasolina con alas para que volara. Y TODO se supeditó a dar cabida a toda esa gasolina; el  combustible estaba entre el motor y el piloto, cuyo asiento era de mimbre para ahorrar peso, el enorme tanque le impedía ver directamente hacia delante, lo cual le obligaba a mirar por las ventanillas laterales(*) y servirse de un pequeño periscopio para atisbar los obstáculos más grandes cuando volaba muy bajo. El habitáculo de Lindbergh (tampoco llevaba paracaídas por el peso) era muy incómodo y estrecho.

El resultado final tuvo éxito…además de ser bonito.

Y cuando un avión es bonito, vuela bien.

Enlace a un documental mudo de la época, terrorífico despegue (pista embarrada+ avión lastrado por el combustible), llegada a París, luego cortos saltos de Paris a Bélgica e Inglaterra, regreso en barco a EEUU, recibimientos. Digna de observar, hacia el final del video, la perfecta toma de tres puntos habitual en un aviador de verdad.

  (*) “Aterrizar y despegar mirando hacia los lados “…de hecho es normal y necesario en aviones con rueda o patín de cola, sobre todo en monomotores biplanos y/o con motor radial, aún cuando mirando al frente se puede ver algo; evidentemente no era este el caso en el Ryan NX211, sin parabrisas y con el depósito delante del piloto. 

(A los alumnos de @Carmen2513 de Granada, para que toquen un poco de cielo)