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La Alcatriz de los Manteros no quiere Harleys en Barcelona; más de un guasón dice que es porque son motos bien cotizadas en, ¡vade retro!,  los mercados, cuyo uso requiere un carnet de conducir legal, ¡lagarto, lagarto!, y un seguro de daños a terceros, ¡intolerable!; y por si esto fuera o fuese poco, con sus cómodos asientos a sus usuarios no les es posible, como los ciclistas de pro, pillarse unas hemorroides como es debido, condición imprescindible, por lo visto, para salvar el Planeta Catatonya (Madrid ens roba) del calentamiento global o lo que sea que manden los del Green Peace, Piss off, Pipí Verde para los amigos.  

Además no estaría bien que a la Colau, la de los Manteros, esos mismos guasones acabaran o acabasen llamándola La Colau de los Moteros, sólo faltaría esa, hasta ahí podíamos llegar; compartir el gusto por las motos con el solista de los Bravos, Mike Kennedy, puede llevar a una Alcatriz Progresista a levantar, entre la zurdería, que es muy suya, faltaría, serias sospechas de que dicha Alcatriz no sea más que una burguesa infiltrada por elementos residuales del franquismo.

 Y a nadie se le escapa el machismo sexista de los aficionados a estas máquinas americanas, las Cadillacs de las motos; ¿con qué cara se presentaría a las feminazis la Colau de los Manteros con

fotos promocionales de Harley Davidsons y tías buenas?…

La alcatriz de Barcelona correría el mencionado riesgo a pasar a de ser la Colau de los Manteros a la Colau de los Moteros, y perder el voto del electorado feminazi, y eso si que no; que se expongan a ello, a las iras feminazis, los Ayuntamientos de Hamburgo o San Petersburgo que para eso mantienen sus Harley Days.

  QUE BARCELONA ES MUCHO BARCELONA, Y TODAVÍA HA CLASES