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  Habíase una vez un Circo para dar miedo a los niños con sus Lindos Payasitos.

Pero un mal día los Payasitos se convirtieron en

     Payasos del Terror, Maestros en Horrores; enmascarados siniestros, asustan a niños, y cuando las máscaras caen, ni rostro ni cara muestran, sino que más sangrienta  careta enseñan; pintura facial a trozos pierden, cual pústulas el leproso, y cuanto más maquillaje desprenden,

  más asustan a niños y mayores, en este  Circo de las Pesadillas, Cocina de Nocturnos Terrores que nunca ve luz ni día, Planeta sin Soles, de sempiternas Lunas Nuevas, infinitas y ocultas, no iluminadas por inexistentes soles,

pero intuidas por ánimas semovientes traicionadas por viles pastores, y perdidas en penas y angustias, tristes espectros, otrora inocentes infantes y esperanzados adultos; ahora difuntos de esperanza desangrada, robado ya todo Futuro por

 este Infernal Circo de los Malvados Payasos, inconscientes , difuntos desgraciados, de la  inmaterialidad de su existencia, de la inutilidad de su deambular sin rumbo ni destino,  en el que no oyen el silencio, ni ven  la oscuridad, ni perciben las caricias de unas manos que ya no están, ni disfrutan  manjares ahora etéreos e insustanciales, ni sacian la sed en fuentes hace mucho secas, ni en copas de vino vacías, ni huelen las flores enterradas en jardines convertidos en ciénagas, nuevos pantanos ni siquiera malolientes.

Escrito en Palma de Mallorca, en la oscura madruga del 4 de Febrero de 2016, a pocas horas de otro debate y votación de investidura en unas Corte que fueron españolas, quizá ya en poder de

 una diabólica reencarnación de la banda Baader Meinhof; pero ahora mismo, 5:14 de la mañana, un mirlo tempranero empieza a cantar, de momento tímidamente, en el jardín…