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Hace ya 30 años, el transbordador espacial Challenger despegó desde el Cabo Kennedy, Florida, rumbo al cielo infinito; siete personas capaces y valientes iban a bordo; de izquierda a derecha, fila de delante, el Piloto Mike Smith, el Comandante de la misión Dick Scobee, y el Especialista para la misión Ron McNair; en la fila de atrás, también de izquierda a derecha, el Especialista para la misión Ellison S. Onizuka, la Maestra Participante (1ª maestra astronauta) Christa McAuliffe, el Especialista de Carga Greg Jarvis, y la Especialista para la misión Judy Resnik. Todos voluntarios, todos astronautas, todos seleccionados y escogidos de entre los mejores; conscientes del riesgo, pero también de su valía como tripulación, confiaban en el gran equipo técnico y  humano de la NASA, que desde tierra les daba apoyo. 

     Pero no estaba escrito en el destino que volvieran, la catástrofe les sorprendió poco después de despegar, la desgracia acabó con sus vidas, sin completar la misión, pero cumpliéndola como sólo los valerosos la saben cumplir cuando entregan las vidas que tan generosamente arriesgan.

Seis tripulante profesionales, y una valiente voluntaria,  maestra de escuela , siete astronautas que nos dejaron a todos un poco más solos, un poco más tristes, un poco más sabios. Descansen estos astronautas en paz. La exploración espacial es parte de la naturaleza humana, y nos enriquece, como cualquier conocimiento que adquirimos, cualquier territorio que descubrimos, cualquier tragedia que sufrimos.

Es demasiada tentadora, pero inevitable, la comparación de estos hechos históricos y heroicos de aquel 28 de Enero de hace justo 30 años, con las mezquinas rabietas     

de los niñatos de un grupo parlamentario en Las Cortes españolas por una cuestión de “quien se sienta donde”. Ese mismo grupito que aspira a “tomar el cielo por asalto” y de paso a salvar los parias de la tierra…pero sin generosidad ni sacrificios. Alegan que han mandado sus cinco millones de votantes al gallinero; más triste lo de hace 30 años, ese 28 de Enero en el que TODA la humanidad perdió a siete valiosos y valerosos astronautas. No agradecen estos niñatos-diputados el no tener que soportar  MÁS de 6 G)(*) al despegue en sus asientos situados en un espacio más amplio y cómodo que el de una lanzadera espacial; tampoco tendrían el valor para hacerlo.

DEJARSE DE MONSERGAS CON LA LUCHA DE CLASES; CLASE SOLO HAY UNA, Y SE TIENE O NO SE TIENE. Y los astronautas la tienen.

(*) Fuerza + 6 G (*), por poner un ejemplo, una chica astronauta de unos 50 kilos llegaría a pesar 300 kilos…todo un lifting de cuerpo entero; hay que experimentar los Gs para entender de asientos, antes de decir estupideces.