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Estos fuegos cántabros son continuación de los de la vecina Asturias, continuidad que en este caso no tiene nada que ver con la propagación natural de llamas y chispas por contacto directo, o debida al viento; en este caso, igual al de Asturias, estamos ante múltiples incendios intencionalmente provocados. Actos de vandalismo contra la propiedad pública y privada y también contra la integridad física de personas y animales.

Muchos aprovechan para apuntar, como causa y sin pruebas, a las recalificaciones y su consiguiente especulación que, según ellos, posibilita la Ley de Montes para los terrenos quemados. Esto se rebate fácilmente mapa en mano: en caso de urbanizar, la mayor parte del territorio quemado en ambas comunidades no tendría mercado; previsiblemente, ni siquiera durante los próximos 100 años. Los terrenos están demasiado alejados de núcleos urbanos y situados en terreno montañoso y agreste, muy caro o imposible para la construcción de viviendas, servicios, y vías de acceso medianamente transitables. Además, en todo caso la última palabra para recalificar cada una de estas superficies incendiadas la tendría la autonotaifa correspondiente.

Otros quieren culpar al Gobierno de España con el provinciano victimismo de que “Madrid nos tiene olvidados”…

Como si estos C 215 (los famosos “Canadair”) acudieran solos desde su base de Torrejón. Estos aviones, más 100-150 efectivos terrestres militares en tierra, literalmente “a pie de llama”. No, “Madrid” no olvida a nadie.

Y ya puestos a aventurar teorías e hipótesis, tengo por ahí una; ¿no será que “los de siempre” estaban aburridos de quemar tanto cajero, y han aprovechado la inusual y para ellos favorable meteorología?

Total, en los bosques casi no hay poli, y a los más tontos, debidamente asesorados…

   …tampoco les hacen falta tantas letras.

A Jose Piñán, piloto de fumigación, fallecido en extinción de un incendio en las inmediaciones del monte Galatzó (Mallorca) en el verano de 1975. RIP)