Tags

,

Primer capítulo y episodio del libro de Mark Twain, Tom Sawyer. Trata de las aventuras de un niño, Tom Sawyer, a duras penas en los comienzos de su edad burral; la edad burral empieza, en el hombre, algo antes de la adolescencia, a los 11-12 años, y dura hasta bastante después, más o menos se nos pasa a los 50 años, y unos pocos nunca la superan, y la conectan directamente con la demencia senil; padece (o disfruta) lo que los loqueros conocen como “complejo de Peter Pan”.

 A las mujeres la edad burral les dura bastante menos, a los 25 años se les ha ido a casi todas, salvo contadas excepcionescomo esta tía buena, heredera de profesión, y buen partido, si su abuelo no la deshereda del todo, que bien podría darse el caso; el pobre hombre está más que harto de las juergas de la niña,

algunas de las cuales incluso terminan en comisaría.

Pero dejemos a la niña rica, y centrémonos en Tom Sawyer, el niño pobre; la obra comienza con Tom contrariado porque su tía Polly le manda pintar la verja que rodea la casa en la que viven ella y Tom. A regañadientes se pone a ello, cuando amigos de su edad aparecen, y a Tom, siempre rápido de reflejos, se le ocurre una idea genial: simula disfrutar de la tarea encomendada que tanta pereza le da; sus amigos observan, curiosos; Tom casi los ignora, continúa aparentando disfrutar con la brocha, de vez en cuando se aleja, como para contemplar y admirar su labor; continua un rato con esta convincente actuación, de Oscar, hasta que los amigos, totalmente sugestionados por el Gran Actor Tom, acaban pidiéndole que les deje a ellos también pintar la valla de su casa.

  Cosa a la que accede Tom, después de, para rematar la comedia, hacerse rogar y dejarse sobornar con una o varias manzanas, que eran las chuches de la época, finales del siglo XIX.

 Y no una, sino con dos capas quedó pintada la valla.

Esta obra la leí al comienzo de mí propia edad burral, y en su momento me reí mucho, tanto que es mi parte favorita de la novela, y la única que recuerdo con  claridad pasable. Mucho después, ya en el año 1985, estaba lavando yo el coche en el jardín de la comunidad, cuando aparecieron un montón de niños vecinos, con los míos propios;  y sí, me acordé de Mark Twain; y de Tom Sawyer; y de la tía Polly; hasta de su amigo Huckleberry Finn me acordé. Y lo hice…

…y me lo dejaron reluciente; gracias a Mark Twain; o gracias a Tom Sawyer; tanto monta, monta tanto.

Un relato leído en 1957 pudo darme ideas en 1985; sé que no llega a moraleja, ni siquiera a moralina, pero, ¡no veas como brillaba aquel puñetero coche!.(dedicado a carmen25 de Granada, por darme la idea; además, tiempo hacía que no comentaba un libro)