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 En la Capital de España, aunque parezca mentira, se nos ha juntado todo el Egipto Antiguo, el Egipto de los Faraones, en pleno.      Al parecer el templo Debot, dedicado a Isis y Amón, se les ha quedado pequeño, por lo que trasladaron su residencia en Madrid desde el paseo Rosales al

Faraónico Ayuntamiento (foto superior) que está en Cibeles. Así, Amón e Isis recuperan su vida privada,   libres de sus colegas, los reyes, faraones, y deidades que también salen ganando con la mudanza, por estar más anchos y cambiar de aires.

Y, ya instalados, se dedicaron a pasear por los alrededores; la Calle y Puerta de Alcalá, barrio de Salamanca, el Retiro con su estanque,

 ideal para navegar el majestuoso navío de Ra (foto), hicieron que, en general, su estancia en la zona fuese, y siga siendo, agradable.

Con la excepción de…los pijos y las terrazas de sus bares y restaurantes; para empezar,   estorbaban el paso de los carros oficiales, especialmente cuando el chófer soltaba las riendas para hacer cosas más provechosas, como tiro al turista o lanceamiento al burgués; con tanta mesa no hay quien los ensarte; todo lo más conseguían pinchar una tapa. Y no contento con estorbar el paso a las faraónicas deidades 

 , un empresario del ocio recurre a la artimaña sionista de bautizar, nada menos que con el nombre de Ramsés, su local de la Puerta de Alcalá. “No emplearás el nombre de Ramsés en vano” dicen (o dirán dentro de un minuto) las Ordenanzas Municipales.

 Lo cual no mola en absoluto a toda esta tropa egipcia; al que menos, al auténtico Ramsés, que no pierde el tiempo en protestar airadamente ante su contemporánea encargada del Faraónico Ayuntamiento con la misión de cargarse el turismo,

 Karmenankamon, a quien por cierto la efigie (en la foto) no hace justicia, y que sin dudarlo mandó sus valerosas mesnadas a que desmontaran la terraza y capturaran el mobiliario; pese a la peligrosa

  resistencia de la huestes del falso Ramsés,

las heroicas milicias de Karmenankamon prevalecieron y el verdadero Faraón Ramsés obtuvo Justicia, Satisfacción, y puede que hasta Burrisprudencia.

 Y pudo descansar otro rato, mientras que su complutense ideólogo, jugaba, una vez más, a la recurrente (en el blog) Gallina Ciega