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 Hay tanto “Día Mundial de…” que al final acaba tocándole el dichoso “Día Mundial de Cualquier Cosa” a uno;  “primavera del año 2010, cinco de la madrugada…” (relato de un conocido mío, cuyo nombre pide que no revele)

“…¡caray! que maravilla, había podido dormir de un tirón desde casi antes de medianoche, y todavía quedaban casi dos horas hasta que viniera el Barbero a afeitarme de Cuerpo Entero. A primera hora, ocho de la mañana, me operaban a Corazón Abierto; intentarían repararme o sustituirme, según vieran la cosa, la Válvula Mitral; yo, por la parte que me tocaba, les deseaba mucha suerte.” (Y sigue contándonos), “Todo había empezado hacía ya casi dos semanas, cuando una ambulancia

 me trajo a Urgencias a este mismo Hospital en el que, dentro de nada, me van a operar”. (me van a en vez de me iban a: conociéndolo, seguro que no fue un lapsus, sino que lo hizo para mayor efecto drámatico). “La noche del ingreso tuve en casa una insuficiencia respiratoria aguda, y me tuvieron que dar oxígeno antes de meterme en la ambulancia. Según luego me explicó el cardiólogo de guardia, el desaguisado fue causado por un Edema Pulmonar debido al malfuncionamiento de la Válvula Mitral; lo de que había que operarme vino a continuación, y ante mi comentario de que no me gustan, no quiero cuchillitos, replicó que no había más remedio, y que me dejarían ver la pantalla mientras hacían los ecocardiogramas para convencerme…y vaya si me convencieron. Mis propios ojos vieron como aquello alabeaba y dejaba regresar buena parte de la sangre que se suponía que tenía que desalojar; consecuencia: pulmón encharcado, el famoso edema pulmonar, por cierto, ¿os habéis fijado de que rima con Bolero Balear?; ¿no?, pues continúo, ya que me lo pedís”.

   “Así que les dije que adelante con los bisturís, ¡vivan los cuchillitos!. Mi estancia en el Hospital hasta este día la dedicaron, la dedicamos, a recuperarme de la crisis y prepararme para estar en las mejores condiciones para la Operación a Corazón Abierto. A los que estábamos en la planta de preoperatoria nos monitorizaban mediante telemetría, desde la estación de enfermeras donde estaban los monitores con nuestros gráficos y números, ¿se llaman parámetros?; da igual, ya no me acuerdo, dejemos eso para los técnicos, lo importante es que

localicé el mío mediante el ingenioso procedimiento de trotar un poco por el pasillo, así alteraba, en realidad aceleraba, en tiempo real, mis gráficos e indicadores (¿parámetros?) cardíacos; eso amenizaba los paseos por el pasillo cuando me cansaba de Stephen King, leía un libro suyo esos días…junto con la Gaceta, cuya versión en papel desapareció un par de años después. Desde el 2010 han ocurrido muchas cosas, pero pocas buenas; donde yo vivo ya no se puede comprar uno ni el ABC, la prensa local es pancatalanista y, por eso mismo, provinciana y ramplona; perdonad el inciso, a lo que íbamos; encontrar y observar (yo ya había dejado de fumar) el Fumadero Clandestino del Hospital, típicamente situado en una de las escaleras de incendios, también formaba parte de las amenidades durante mi ingreso; en el rato que estaba, o estábamos, vigilábamos el pasillo para avisar a fumadores y fumatrices si se acercaba alguien con pinta de autoridad aguafiestas. Burlar la Ley era sano para el espíritu y bueno para la moral, dadas las circunstancias”.

 “Y, hablando de amenidades, especialmente memorable fue el día en el que se me practicó el cateterismo, que también pude ver por pantalla ladeando algo la cabeza…observé el progreso del artilugio hasta que llegó a destino, corazón, y avisé de que ya habíamos llegado; parece que esto tampoco es habitual que lo haga un paciente, a juzgar por la sorpresa del personal”.

  En este punto ya se habrán dado cuenta de que nuestro amigo era el típico paciente algo listillo y guasón, nada conflictivo pero muy alejado de lo que es un paciente ideal. Cuando le hicimos esta observación, fue presa de otro ataque de risa a los que nos tiene acostumbrados.

“Bien, ya pasó, os sigo contando, debí dormir un poco más, cuando desperté se oía bastante más el tráfico de la calle; he aprendido a adivinar más o menos la horas de la madrugada en esta ciudad por el ruido de la calle, cuando menos ruido hay es entre las 4 y 5 de la mañana, después va aumentando hasta las 8; más tarde ya no se distingue nada”.

  “Enseguida vino el Barbero, y me rasuró todo el cuerpo para la Operación; resulta que teníamos conocidos comunes y que era un experto en distraerte un poco, conversando, de lo que se te venía encima, dentro de lo que cabe. Entre tanto, vino mi mujer. Luego me dieron un jabón quirúrgico bactericida para la ducha, con la advertencia de que tuviera cuidado con los ojos; uno es bueno siguiendo consejos, así que me las arreglé para meterme media gota en el ojo; como no podía ser de otro modo, bajaron unos cuantos santos”.

“Me despedí cuando vinieron a buscarme para bajarme a quirófanos; recuerdo estar hablando con los anestesistas cuando, de repente, me desperté, cinco o seis horas después en la UCI…una mañana en un instante…”.

“Luego vino la recuperación, incluida un implantación de marcapasos, el alta y la salida del Hospital, pero no os aburriré con más detalles; sólo comentar que debo la vida a mucha gente, al cardiólogo que había en urgencias aquel día, y luego a muchos profesionales, cirujanos incluidos. Era obligatorio que hablaran catalán, pero el cirujano que me operó no lo habla; eso sí, opera como los ángeles.”

“Es hora de retirarme por hoy, quedamos para otro día”

   Y para otro día quedamos, quedan algunos días gracias al buen hacer de muchos.