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Estos kamikazes son de los de andar por casa, nada que ver con los originales kamikazes

  fanáticos guerreros del ejército y armada del Japón durante la II Guerra Mundial, que daban la vida por el Imperio, ni con los

 fanáticos islamistas del Califato de Isis, que, aunque se inmolan cada vez menos, matan por el Corán. Desde que Occidente y el Comandante en Jeque del Mundo Libre, además de Premio Nobel, les facilita territorio (ver mapa: la mayoría de los países europeos y bastantes estados norteamericanos de la Unión son más pequeños),

necesitan más al cobarde verdugo que al islamista kamikaze.

Estos otros nano o pseudo Kamikazes son más de andar por casa, pueden ser igual de ingenuos que aquellos, en el sentido de que son manipulables y crédulos, pero la mayoría no se convierte en feroces guerreros ni tampoco en terroristas islámicos.

 Dentro de esta mayoría de “kamikazes inofensivos” se encontraría, antes que nadie, la figura del avalista, o fiador, más conocido, con cierto cinismo en ambientes prestamistas, o sea financieros, como “el tonto con boli“. El avalista es un personaje tan querido como poco respetado.

  Al “tonto con bolígrafo” lo quiere el “honorable” financiero (prestamista) como garante; al “tonto con bolígrafo” lo quiere el pariente, el amigo, o socio, que solicita la pasta (prestatario) al prestamista. Todos quieren al fiador, hasta que algo va mal, y entre todos le escabechan y le esquilman.

O, mejor aún, le ESQUILAN.

 Tiene la ventaja de que no se le discrimina por razones de sexo, raza o religión. Este tipo de victima  resulta de lo más constitucional y democrático. Y a ratos es hasta

progresista. Alguno hay que por avalar, es capaz de avalar a Alexis Tsipras antes y después de dimitir, y a Syriza, de Grecia; y son conocidas las “garantías” que ofrecen Alexis y su partido greco-chavista a sus kamikazes garantistas.

Por lo que una vez más, se impone el recurrente y redundante (en el blog) video en homenaje al más tonto de los avalistas.

Que es tan tonto de creerse más listo que nadie por no coger el bolígrafo y firmar, pero termina dejándose filmar para Internet y la posteridad.