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Buddy es un simpático y joven perrito americano, recién llegado de los Estados Unidos, y retenido, por no se sabe cuantas normativas europeas, en el aeropuerto español del Prat, Barcelona, autonotaifa de Cataluña.

Lo primero de todo, desde aquí, dar la bienvenida a Buddy por su llegada a España y a la “Unión” Europea, y saludar a este nuevo residente que ha cumplido con  infinitos requisitos legales, aportando toda clase papelotes (documentación), a diferencia de muchos indocumentados que nos “honran con su grata visita”; por más traer, el pobre Buddy se traía hasta

        un microchip canino del tamaño de un grano de arroz, implantado en su país de origen, Estados Unidos, y que naturalmente la burocracia (buRRocracia) hispano-europea, tan al día y moderna ella, fue incapaz de leer. A lo mejor fue porque confundieron el chip con esto otro, una cosa llamada caja

 negra que como verán no es negra, y es mucho más grande que un microchip para perros; si este fuera el caso, esta cosa grande no la han sacado los de aduanas de ningún cánido, y lo saben; ya pueden irlo devolviendo al sitio de donde lo han extraido, antes de que la caguen aún más. Pero cajas negras no son lo único que estos genios pueden haber confundido con un chip, también pueden haber obtenido un

 transponder para tratar de acceder a los datos del mismo; ya saben lo que tienen que hacer, como con la caja negra, devolver eso a su sitio, procurando no romper nada.

Y ya suponiendo, es un decir y mucho suponer, que hayan sabido dar con un veterinario capaz de extraerle el microchip a Buddy, todavía quedaba la árdua labor de leer los datos que el artilugio pudiera contener…cosa que, como ya habrán adivinado, o leído en otro lado, tampoco han conseguido; es que las tecnologías y la BuRRocracia son como el agua y el aceite: mezclan mal.

Y siguiendo con las suposiciones, suponemos, es un decir y mucho suponer, que habrán comprobado la posibilidad de que el chip estuviera grabado en otro idioma que no fuera el catalán; los americanos, ya se sabe, tienen la manía de ponerlo todo en inglés, y últimamente cometen la osadía de escribir alguna que otra cosa nada menos que en español.

Y continuando con conjeturas, no es descabellado pensar que alguna de las molestas e inútiles medidas de seguridad electrónica de los aeropuertos, en origen o destino haya podido borrar los datos del dichoso chip… ya puestos, si son capaces de freírse el marcapasos de un inocente, más capaces son de joder un microchip

  canino, digo yo. Pero esto no es problema estrictamente aduanero ni de control de animales.

En toda esta historia hay una sola cosa que se sabe con certeza, y es que se ha vuelto a cumplir el axioma de que “los problemas que crea el burócrata afectan exclusivamente al usuario que los sufre”.

 En este caso el pato lo ha pagado el inocente e indefenso, en España ambas cosas, inocente e indefenso, son sinónimas, perrito americano llamado Buddy. Burócratas  inhumanos, superados por la misma tecnología que nos exigen para incordiarnos, han estado a punto de llevar a Buddy a ser deportado o sacrificado; eran las dos únicas soluciónes que se les ocurrían a estos burócratas para solucionar su propia incompetencia.

Sólo la petición electrónica de 100000 personas en todo el mundo, con la publicidad negativa que ello conlleva, hicieron que los mandamases de estos genios del problema que no lo es, indultaran al bueno de Buddy, permutando “generosamente” la condena por una cuarentena con derecho a visita.

   

ENHORABUENA Y BIENVENIDOS AL PARAISO Y VIVAN EL SÍNDROME DE ESTOCOLMO Y LA MADRE QUE LO PARIÓ