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Hace muchos, muchos años, iba yo todavía a al cole, cuando Boris murió cruelmente envenenado. Boris era como llamabanal perro pastor alemán de unos buenos amigos de la familia, que vivían en una finca situada en un pueblo cercano a nuestra ciudad, ciudad que era entonces la capital de la provincia, y ahora la de la autonotaifa.

Cuando, algún que otro domingo, éramos invitados por estos amigos a pasar el día con ellos en su finca, nuestro pasatiempo preferido, el de los niños, era el de jugar con Boris, el buen perro; con muy pocas visitas le llegamos a tener mucho cariño a Boris, y él a nosotros. En nuestra vivienda no se nos dejaba tener ni un gato, figúrense un pastor alemán adulto de 40 kilos.

Pero un domingo fuimos a la finca, y ya no encontramos a Boris; los hijos de esta familia, algo mayores que nosotros, nos explicaron que Boris había muerto envenenado, cianuro, tal vez cicuta, o alguna cosa de estas, según les dijo el veterinario. Le había envenenado “gente del pueblo” o vecinos, y la Guardia Civil no esperaba poder encontrar a los culpables; era costumbre rústica de aquellos tiempos el maltrato a los animales, práctica que además estaba poco o nada penada. Por fortuna hoy es muy diferente, se castiga la crueldad con los animales, y, más importante aún, está mal vista socialmente.

Y de este noble, aunque malogrado, buen amigo

  Boris, pasamos al otro Boris,

  del inocente envenenado al viperino envenenador, el de lengua bífida y de doble filo; no, no es lo mismo bífido que doble filo, y si la una es cosa malvada, la otra lo es maligna, y tampoco es lo mismo malvado que maligno.

El Boris no cánido, el del hablar envenenado, en el mejor de los casos tiene poco control de lo que dice; en el peor, si se cree con la impunidad suficiente, dice perfectamente lo que quiere decir. Y en qué categoría queda esto de “Señora, la felicito por oir a una reina hablar, por fin, en español” mejor dejarlo a la imaginación de cada cual.

Esto fue lo que dijo a la Reina Leticia en la celebración del día de Cervantes, como una ocurrencia o gracieta más de las suyas, a modo de saludo y aprovechando el haber sido invitado a esa ceremonia oficial; el menosprecio implícito a la Reina Sofía, que por cierto habla el español perfectamente, es evidente.

Como evidente también es que, si bien la Reina Sofía no nació en España, sino en Grecia, él, el otro Boris, el no canino Boris, todavía menos nació en España; lo hizo en Venezuela, que para él está más alejada, en todos los sentidos, de España, y que no nos venga con las monsergas esas de la “madre patria”; no, no él; no sólo no cuela, es que ni le pega con cola.

  Que no fue doña Sofía precisamente la que suprimió, o hizo suprimir, el izado y arriado de la Bandera de España en la Zarzuela, sino “alguien” que a lo mejor nació por aquí; “alguien” que según este personaje histrión de Telecircohabla en español, cosa que parece alegrarle, se supone que por una especie de ataque de patriotismo y/o de amor a la lengua de Cervantes bastante impropio para uno

 que va por el mundo con estas pintas; nunca sabes exactamente por qué dicen algunos lo que dicen, excepto que por nada bueno ni sano; debido a ello, patria, lengua, y bandera, quedan descartados. Sus motivos tienen que ser muy diferentes y algo menos espirituales,

Resultado de imagen de boris izaguirre   como por ejemplo expiar el ridículo que cree haberles hecho hacer a los del Colectivo Gay,

 pero más ridículo del que hacen las Drag Queens contra ese colectivo, imposible; se ponga como se ponga Boris,

no el can, al que le echaron veneno, sino este otro Boris

el que echa el veneno. Y el no cánido nos explica, en un artículo suyo, que doña Leticia “había bajado los ojos para agradecer mi halago”.

cosa que él mismo hace en este video de 1 minuto al menos 20 veces, imita lo que entiende por femineidad, y lo que imita se lo figura ver, o traslada en su imaginación,  a otras personas, doña Leticia en este caso.

SÓLO LE FALTABA ESTA, ALUCINAR; NO, AL PERRO NO LE HACIA FALTA ALUCINAR; AL OTRO, DIGO.