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Esta clase de indecoroso desorden es justamente

 lo que con razón quiere evitar Albert Rivera, y para ello propone que no sean mas de dos los ocupantes de cada habitación o camarote en este barco, que ni va a ningún lado, ni nos lleva a ninguna parte. Pero el presunto rumbo del barco, si es que tiene alguno, no es lo que se pone ahora en cuestión.

Un mínimo de espacio vital es necesario para preservar el decoro y la dignidad; hasta el arenque de barril, tan salado y saleroso él (foto de arriba), precisa su espacio vital; si señor, máxime cuando el otro niñato emergente, el Pablo Iglesias, manifiesta, si se le pregunta, que el consumo de cannabis se debería de legalizar.

  Opinión que por cierto es diferente a la expresada en el 2013, en la que menospreciaba los porros y las “lumpendrugs”… rectificar debe ser cosa de la Lumpen Complutensis Proletariat, que ayer, vivir para ver, cambió de rector progre, cambió por cambiar y sin cambiar, que dicen ellos que es lo bonito. Se ve que en la academicracia de la Lumpen Complutensis Proletariat les va tanto lo de tirar de voto,

como lo de echar un poto, según se vea o se mire; el voto, el poto, y alguna lata, como en la foto de arriba; pero no hay que ponerse en plan marujón, al menos no en la Complutensis: “el intelecto todo lo hace brillar”. Dicen.

 Debe ser como el Netol. Digo. Dijeran o dijesen; las Marujas. Unos dicen que “No por madrugar amanece más temprano”, lo que otros contradicen con un “A quien madruga Dios le ayuda”; vete a saber.

Así que con más de dos por habitación (o camarote), entre el humo del lumpen-porro y el del puro de Groucho, no habría

 quien soportase el ahumado ambiente; ni tan siquiera un arenque de barril,

 que es muy sufrido con las estrecheces. Razón tiene el que dijo lo de “más de dos son multitud“, frase que sin duda inspira la idea de no más de dos por camarote del líder de ciudadanos. Idea con la que colabora el Pablo Iglesias desprendiéndose de su

 Juan Carlos Monedero para dejar más espacio en el camarote del barco que no va a ninguna parte; menos sitio ocupa un elegante billetero,

 que un “humilde” monedero.

Y no son las únicas coincidencias; no en vano ambas emergentes zurderías deciden no pactar en Andalucía con Susanita, la que en esa autonotaifa tenía un ratón chiquitín, pero no mayoría para gobernar. Y es a no pactar lo que les llevó el penúltimo escándalo, el asunto de las minas de Aznalcóllar,que, al contrario de lo que sugiere el nombre, ni son de Aznar, ni llevan collar; lo que, bien mirado, también puede decirse de las Minas del Rey Salomón, esas de las que habla todo el mundo, pero nadie sabe donde están.

Y es la minería de Aznacóllar la que convenció, a estos dos, otra vez y al unísono, a no pactar.

(eso y el poder estar más anchos)