No confundir esta expresión, Justicia Poética, con esta otra, Ironías del Destino; son diferentes, aunque tengan mucho que ver. Ambas expresiones se refieren a acontecimientos en los que el azar o la casualidad juegan un papel primordial, por no decir exclusivo; la voluntad y la mano del hombre poco o nada tienen que ver cuando se producen una u otra.

En el caso de la justicia poética siempre existe un culpable que finalmente es ajusticiado, pero nunca por medio de la justicia oficial y sus

TRIBURRALES (foto de arriba, triburrales navajos en Arizona) ni mucho menos por mano propia del ofendido y/o allegados; esta justicia, para que sea poética, siempre la debe impartir el azar, el destino, la casualidad, la suerte, cualquiera de estas cosas, o todas a la vez.

A la justicia poética del tipo “ya te lo dije”, por ejemplo, la descubrimos de niños cuando desoímos los consejos de nuestros mayores tipo “no comas tantas chuches” y

 luego nos duele la barriga; “ya te lo dije”, “te lo advertí”…; sí, temprano aprendemos de la justicia poética,

aunque no la llamemos así; pronto la descubrimos, pero tarde o nunca aprendemos…

…de la justicia poética como la que nos propone el antiguo proverbio chino que dice algo así como “si esperas sentado en la orilla del rio (puerta de tu tienda versión mora), veras pasar el cadáver de tu enemigo”; proverbio sospechoso de estar más motivado por la gandulería que por la sabiduría, que tan antiguas y chinas pueden ser la una como la otra.

Justicia poética como la que obtienen los gallitos futboleros que en casa, ajena a ser posible y para mayor chulería,

  se apoderan del mando de la tele para ver ellos solos su futbol…y acaba perdiendo su equipo, por cuantos mas goles mejor; vale la pena ver la cara de cabreo que ponen en justo y poético castigo por su grosería: no tiene precio.

Justicia poética, la de “cuidado con tus deseos por si se cumplen”, sería la del adúltero que, cuando por fin se divorcia o enviuda, descubre demasiado tarde que su amor prohibido tiene todos los defectos de la legítima pero elevados al cubo; si la legítima estaba de verdad enferma, la “otra” resulta ser una hipocondríaca exigente, si la legítima era capaz de ganarse la vida, aunque fuese modestamente, la “otra” no tiene modus vivendi conocido. Tu deseo se ha cumplido…y justicia se te ha servido; poético. Puede que más patético que poético, en este caso.

Y luego viene la Justicia Poética de

 “DONDE LAS DAN LAS TOMAN o de “tragarse su propia medicina”. El artífice oficial y visible de esta Ley, inspirada sin duda por el Iluminado Cóndor de los Andes,

   en la que la preceptiva PRESUNCIÓN DE INOCENCIA brilla por su ausencia, once años más tarde es víctima de su propia ley; en la aplicación práctica de esta ley es el denunciado quien tiene que probar su inocencia. Pese a haberse detectado, ya en el año 2006, un sustancial aumento de denuncias falsas desde la promulgación de esta ley en el 2004, ni el ahora denunciado Fernando López Aguilar, entonces ministro de (in)justicia de aquel gomierdo, ni sus sucesores en el cargo, han derogado ni modificado esta INCONSTITUCIONAL LEY…

…con lo que, POÉTICAMENTE, JUSTICIA se ha servido; culpable o inocente, el acusado, si no demuestra lo contrario, ES CULPABLE.

La poética justicia del “tiro que sale por la culata” finalmente hará que está Ley sea revisada, ahora que “uno de ellos” es el afectado; el que NO SEAN casta no significa que no sean corporativistas.

  Hasta este del dibujo, el del tiro por la culata, Comandante en Jeque del Mundo Libre, es corporativista; y también Islamista y Comunista, pero esa es otra historia…