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Historias trágicas de convoyes fatales separados en el tiempo por casi setenta años.

Los convoyes (“sacas”) de 1936, cuando la guerra, viajaban por carretera en camiones y autobuses urbanos, procedían de Madrid, y oficialmente tenían que llegar a Valencia, pero se quedaban en las afueras de la capital, en Paracuellos del Jarama, donde a los viajeros les aguardaba la muerte por fusilamiento o por ametrallamiento, porque muchas veces necesitaban las ametralladoras para  tanto “ajusticiamiento” (unos 5.000 asesinados en pocos días) sin juicio; los ejecutores, fanáticos marxistas de procedencia socialista, comunista, y/o sindical, querían apoderarse del Estado y sus riquezas quitándoselas a quienes creían que las poseían, o sea a los “ricos fascistas”, que para ellos eran la clase media (comerciantes, médicos, abogados, otros profesionales cualificados), el clero, y los militares de carrera; a estas víctimas de Paracuellos, pertenecientes o afines a estos grupos, les habían encarcelado previamente en diversos centros penitenciarios de Madrid, de los que los sacaban para conducirlos, en estos siniestros convoyes de carretera, hasta su destino fatal. A estas operaciones, que comenzaron el 7 de Noviembre de 1936,y duraron muchos días, las llamaron “las sacas”: sacar de las cárceles de Madrid, fusilar y enterrar en la afueras, principalmente en Paracuellos del Jarama. En jerga moderna el eslogan de aquellos homínidos con fusil hubiera sido algo así como “no al alzamiento, aunque el “no pasarán” fuese cantinela preferida en la época.

Las “sacas” comenzaron el 7 de Noviembre, y un día antes el gobierno de la República, presidido por Largo Caballero (Psoe), abandona Madrid rumbo a Valencia; la proximidad de las tropas nacionales tuvo mucho que ver con esta huida, así como el golpe moral que tuvo lugar el 27 de Septiembre con la liberación del Alcázar de Toledo. En Madrid quedó una Junta de Defensa compuesta por unas consejerías presididas por el General Miaja; Santiago Carrillo era el Consejero de Orden Público, responsable de las purgas (las “sacas”) que la Junta comenzó al día siguiente de la huida del gobierno.

La cobardía y el mal perder de unos energúmenos fueron las causas de los convoyes (“sacas”), los fusilamientos, y las fosas de Paracuellos…

…Y esto es mucho de lo que se sabe de aquellos acontecimientos de nuestra lejana Guerra Civil; al contrario, lo que sabemos de los más próximos atentados del 11 de Marzo de 2004 es mucho menos. También esta vez convoyes, pero ferroviarios, se vieron envueltos en la ignominia; también esta vez los trayectos eran parecidos, pero al revés, de municipios de las afueras era la procedencia y Madrid el destino; y también en esta ocasión, muchos (unos 200) tampoco llegarían vivos a su destino.  En la foto monumento a la Víctimas del 11 M, en Atocha. “No a la Guerra” (de Irak) era la cantinela en el 2004, el equivalente al “No pasarán” de 1936, aunque la autoría intelectual del atentado es oficialmente desconocida, debido a laboriosas tareas de encubrimiento, y la material incompleta y poco creíble, debido al mismo motivo,

 …el resentimiento, la cobardía, los fines políticos,

y el mal perder de los energúmenos, son causa común en los asesinatos del 36 y del 2004.