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Al carroza que esto os cuenta siempre le han gustado los carruajes; carruajes con motor de explosión o combustión interna, con o sin bujías, puesto que últimamente los diesel también son rápidos y divertidos de conducir, por eso la alcaldesa o alcatriz socialista de París quiere prohibirlos. A la alcatriz Anne Hidalgo no le gustan los carruajes  diesel, y seguramente tampoco los que funcionan con gasolina, pero la gasolina huele mejor que el gasoil y además los motores de gasolina suenan mejor; eso los hace más chics para París, o al menos para Anne Hidalgo, y al ser madame Hidalgo socialista, las dos cosas vienen a ser lo mismo. “La meme chose” París y madame Hidalgo, de París hermosa alcatriz. Mentiría si repitiera los tópicos que vienen a decir que “conduzco por necesidad”, “tengo coche porque me hace falta” o “lo uso sólo cuando es necesario”; soy de los que les gusta la carretera, y mentiría si dijese lo contrario. Quienes sí mienten son los que dicen que los coches ponen en peligro el futuro del planeta y/o causan el cambio climático y demás pendejadas. Si nuestras doctas autoridades creen que la velocidad es responsable de los terremotos, que arreglen los baches. Y si creen que a 200 km/h o más se produce la famosa “visión túnel”, que se acuerden de quitarse las gafas de leer mientras miran la carretera; o mejor que se las quite el chofer del coche oficial; el otro acompañante, el Niño Nicolás no lleva gafas.

(foto de arriba, “The Beast”coche oficial de Obama; abajo, observándonos tras los cristales tintados y blindados, el acompañante Niño Nicolás)

En Marzo del 2010 me operaron del corazón, y en Febrero del 2011 me caducaba el Carnet de Conducir, y cuando me lo renovaron, a regañadientes (¡perdona a tu pueblo Señor!), lo hicieron para sólo dos años. Algo de eso era de temer, y pensé por un momento en ocultar al tan responsable galeno que me reconocía lo de la operación…pero la cicatriz central que en el tórax deja una intervención a corazón abierto es demasiado visible, así que a partir de ese nefasto día toca reconocimiento (y las narices) cada dos por tres, o cada dos años, que es lo mismo. Total, un Carnet de Conducir no es más que un trozo de plástico que no nos hace conducir ni mejor ni peor, y encima la foto que hacen llevar pegada tampoco nos hace parecer más guapos.

Y todo este rollo viene a cuento… ¿de?; pues a cuento de que este mes de Junio iba conduciendo hacia Barajas por la M 40, haciendo tiempo ya que teníamos mas de 3 horas para devolver el coche al Rent a Car y facturar la maleta, cuando vimos un venerable R 8 (Renault, no Audi) que iba por el carril derecho de esa autovía.Hacia décadas que no veíamos ninguno, hoy día son coches de colección los R 8, y mientras le daba alcance y adelantaba lentamente (con el novedoso Volvo V 40 Diesel que habíamos alquilado) para poder verlo bien, me vinieron recuerdos muy gratos…no porque  fuera de ese modelo el primer coche que conduje (ese fue un Jeep Willis ex-US Army), ni el coche con el que obtuve ese papelito que dicen que es tan importante, el Carnet de que Te Dejo Conducir y Perdono la Vida, sino el primer coche que compré, el primer coche de mi propiedad. Calculo que fue en 1968 o 69, porque cuando los astronautas llegaron a la Luna ya hacía algún tiempo que lo tenía; y hablando de astronautas, ¿hay carnet de astronauta?…si es así, ¿Quién los reparte?. Sólo pregunto.

Al anochecer de una lluviosa tarde de invierno, después de muchos meses de espera, me lo entregaron en el concesionario y me dijeron que tenía que volver, no me acuerdo si a los 500 o a los 1000 kms, terminado su período de rodaje (todavía había que rodar los coches nuevos), para cambiar aceite y filtro y desprecintar el carburador para poder aprovechar toda la (hoy día ridícula) potencia de sus 1000 cc.

Y con las luces puestas, los limpiaparabrisas en funcionamiento, carburador ajustado y precintado para el rodaje, salí de las iluminadas avenidas urbanas para dar un paseo, lo más veloz que permitiera el temporalmente capado carburador,   fuera de la ciudad por carretera oscura…escogí para ello una de montaña, que llevaba al cercano pueblo de Valldemosa. Y así empezamos a conocernos el R 8 y yo. El coche ajustado para  rodaje no podía ir a mucho mas de 100 km/h, pero la escasa visibilidad (los faros estándar de serie eran penosos*) y la resbaladiza carretera de montaña hacían que esta primera conducción de prueba no fuera en absoluto aburrida. Me las arreglé para derrapar un par de veces, en mojado, y, en un tramo recto lo bastante largo, aproximarme todo lo que me atreví a una situación de “aquaplaning”…el R 8 era un coche de motor y tracción atrás, básicamente noble incluso en mojado. De todos modos, el suelo mojado no era plato de su gusto, pero su verdadero punto débil lo descubrí pocos días después: el viento lateral.

Esa primera noche casi no dormí; como un niño con juguete nuevo, estuve casi todo el tiempo en vela  esperando la mañana siguiente, para poder conducir mi  estrenado R 8 de nuevo…esta vez a la oficina, al trabajo. Disponía de una radio de Onda Media, porque en los 60 apenas existía la FM comercialmente, y la canción que más me impactó al oírla por primera vez fue en ese coche y con esa radio, cuando circulábamos una noche sobre una carretera nevada, con la calefacción puesta y las ventanillas cerradas, y sonó  “I say a Little Prayer” de Aretta Franklin, que empotro en este artículo por pura nostalgia…

A los tres años, 60.000 km, un rally a cuestas, y en perfecto estado, lo cambié por algo más veloz, pero esto ya será otra historia de lo nuestro más que de lo mío  (pronto sería cabeza de familia) con los coches, mis queridos coches…(1967-2015).

(*)  A las versiones más potentes del R 8 las dotaron de 4 faros de serie. En la foto el R 8 Gordini 1300 de dos carburadores 5 velocidades y 100 caballos; pese a que nunca lo comercializaron en España, tuve ocasión de probarlo.

 Es una verdadera lástima que ya no hagan coches con motor y tracción posteriores; son muy agradables de conducir, última foto, prometido

 Y ahora si que de verdad he terminado…por hoy.