Conceptos de igualdad, con un relato o historieta a modo de ejemplo, para que lo entiendan los niños.

Érase una vez dos niños, uno llamado Caín y otro llamado Abel, que vivían en un Estado Social, Democrático, y muy Políticamente Correcto.

   Los niños, Caín y Abel, iban a la misma escuela pública, una entre muchas  escuelas públicas que, idénticas entre sí, existían en ese cuento de hadas tan Políticamente Correcto y Democrático de Podemos; en suma, se trataba de un verdadero paraíso socialista   idílico e ideal para todo el mundo. Todos eran iguales porque en el Estado Social de Podemos no sólo eran todos iguales ante la ley, sino que habían igualado también las retribuciones, al dejarse de valorar, por ley, el esfuerzo, talento,  dedicación, y dificultad en el desempeño de cualquier actividad o labor; en el Paraíso Social se pagaban igual dos horas conduciendo un tranvía que cinco mil de un astronauta(*) en un lejano planeta; formalmente la consideración social también era la misma: la igualdad, también por ley, no se limitaba a la paga; todos eran camaradas.

Consecuentemente, Caín y Abel tenían la misma asignación (todos tenían un salario por el hecho de residir en el Paraíso Social) pese a que en talento, esfuerzo, méritos, y conducta, fueran niños muy diferentes.

Caín era ruin y gandul, mientras que Abel era aplicado y diligente. Aún así, la recompensa académica también era la misma; además de percibir idénticos salarios, asistían al mismo curso a pesar de tan dispar rendimiento académico. En el Paraíso Social de Podemos, al principio, todos pasaban curso cualesquiera fueran las notas; más tarde perfeccionaron el sistema suprimiendo las buenas y malas notas.

Caín , el gandul, y Abel, el aplicado, tan diferentes, sin embargo compartían el gusto por el helado de chocolate, gusto común que complacía tanto a la Caspa Dirigente de la escuela, como a la Caspa Gomierdante del Paraíso Podemos, ya que su gusto por la igualdad y la uniformidad igualaba su aversión o fobia hacia los uniformes(**).

Y un buen día de paga, Caín Y Abel decidieron comprar sendos helados de chocolate. Abel se leyó las instrucciones del envase con cuidado, “LO QUE NO SE CONSUMA DE INMEDIATO, GUÁRDESE EN EL FRIGORÍFICO”; Caín, por el contrario, al ser gandul, y por gandul analfabeto, no leyó las advertencias escritas en el envase, y en vez de ello optó por gastarse el resto de la paga en chucherías…y al volver a casa, con el helado (que extrañamente no había perdido), para no compartirlo con padres ni hermanos, decidió, astutamente, esconderlo en el horno.  

 Y en el horno, el muy ladino lo escondió, sin hacer caso al detalle de que había un pollo asándose dentro, y, como dijo el poeta:

” Y lo inevitable ocurrió

el helado se fundió

su mala cabeza,

una vez más,

una mala pasada le jugó.” 

Pero el ruin Caín, al ver los desastrosos resultados de su codicia, en lugar de resignarse y responsabilizarse de sus egoístas decisiones, llamó al Paraíso Podemos para que le solucionaran su problema con el helado fundido; para tal fin los Gomierdantes del Social Paraíso habían armado a sus ciudadanos más miserables con una  BÍBLICA QUIJADA DE ASNO

para que, en un aprieto, la hicieran sonar golpeándola con un palo. Ni que decir que  a Caín le habían proporcionado una de estas quijadas, y en socorro de  Caín acudió la Caspa Académica Gomierdante, para solucionarle el problema a su ruin protegido.

Y como la Caspa Académica Gomierdante entiende de todo pero no sabe hacer nada, ni un triste helado, estas carencias las tienden a solucionar expropiando al que tiene, para dárselo a quien no tiene.

Y con inusitada celeridad localizaron (eso sí se les da bien) el helado expropiable más próximo, que, como habrán adivinado mis avispados enanitos, era, cómo no, el que el previsor Abel había guardado en la nevera para compartir con los suyos. “EXPRÓPIESE”,

  ladraron, y al bueno de Abel el helado expropiaron.

Veinte años pasaron, que vieron a Abel ganándose la vida en el Centro Espacial de la Nasa en Houston TX, y a Caín viviendo en una taberna de las subvenciones que le pagaban, por no hacer nada,  con el dinero de los contribuyentes que aún quedaban.

Y colorín colorado, queridos niños, este cuento se ha acabado, y espero que, al contrario que a la Caspa Académica, mucho os haya gustado. 

(*)Verídico: en las postrimerías de la URRSS, un cosmonauta soviético, tras muchos meses orbitando en la MIR, regresó a la Tierra para descubrir que, no habiéndosele actualizado el salario durante todo ese tiempo, la inflación había hecho que ganara menos que un tranviario.

(**) Para muestra solamente un botón, leído en un tuit de P(j)odemosAnchuelo del 2 de Enero: “Lamentamos(sic) lo del policía de Atocha, es otra consecuencia de la brutal represión policial hacia la inmigración subsahariana. Nadie es ilegal.”