…Aunque parezca mentira el cumplimiento de este importante deber cívico no tiene por qué ser aburrido, monótono, o rutinario.Aportar un poco de estilo y humor a la sacrosanta y democrática costumbre de votar, es una tarea a la que las mentes creativas nos debemos dedicar, además de una idea que debemos mostrar con  buenos ejemplos. Para ello debemos tener muy en cuenta los matices del mismo verbo votar:

Yo voto, sí, pero ¿para que?…si es el Pueblo el que elige, que sea el pueblo el que vote; no YO sino Ellos, que ellos voten,  puesto que ellos son el Pueblo.

  En nombre del Pueblo que voten Ellos o que El Pueblo directamente vote y que no (me, ¿nos?) mareen.

Ellos votan, pues perfecto: que sea el Pueblo quien me (nos) organice la vida; “coma mierda, un millón de moscas no puede equivocarse”, refrán anónimo. Y así nos (me) va…y el subjuntivo del verbo votar no pinta mucho mejor…

Votara o votase, o, mejor, hubiera o hubiese votado…si no hubiera o hubiese tenido nada mejor que hacer…

Pero si aún así queremos tomar parte en esta cívica ceremonia (inútil comerdia), podemos ser imaginativos, no ya en quien votamos (puesto que da igual), sino a cómo votamos; por ejemplo:

El voto trilero: un componente de la mesa tiene que colaborar con el presunto votante que esconderá el voto en uno de tres cubiletes grandes o vasos opacos invertidos, y luego de cambiarlos de sitio velozmente sobre la mesa, dicho componente de la mesa tratará de adivinar bajo que vaso está el voto; y si adivina donde esta el voto, procederá a introducirlo en la urna y a marcar al votante en la lista indicando que este buen ciudadano ha votado; si no se adivina donde está el voto, toda la operación (juego) se considerará abstención.

Voto al quiebro:, de inspiración claramente taurina, se llevan los dos sobres que contienen ambas papelinas de voto, (para Congreso y Senado o para Municipio y Autonotaifa), una en cada mano, cual elegantes banderillas    con los brazos levantados y altivo donaire, acercándose erguido y por derecho a las dos urnas que están en la mesa (que es el “toro” imaginario); puesto que la mesa no se mueve es el votante (torero de mentirijillas) quien camina hacia la mesa, y cuando está con ambas urnas a tiro (a su alcance) hace un quiebro (esquive) a un lado a la par que introduce (clava) ambas papelinas en sendas ranuras de las urnas correspondientes. Se remata la faena (la cívica votación) apartándose gracilmente a un lado, agradeciendo con donosa reverencia la ovación de los presentes. Variantes de estas  votaciones-banderillas, son el voto al cuarteo, al sesgo y otros; es costumbre brindar este tipo de votación a alguna celebridad que en ese momento esté presente en el  recinto (coso, plaza) electoral, o, en su defecto, se brindará la faena (acto democrático) al presidente de la mesa.

Voto a Brios:

¡voto a Brios! es una expresión sacada de los tebeos antiguos del Guerrero del Antifaz, Roberto Alcazar, o Capitán Trueno. Utilizar un camiseta con esta expresión el día de elecciones, o repetirla oralmente en el recinto electoral, se considera por lo general broma o chascarrillo; naturalmente escribir esta expresión en una papelina, e introducir esta papelina (voto a Brios) en la urna, es un voto nulo a la hora del recuento.

Voto electrónico: muy de moda en el Tercer Mundo Bolivariano, es un sistema con el que estos dictadores frustrados pueden hacer que el voto al opositor se esfume en el Cyber Espacio.   También pueden hacer el recuento de votos antes de que se vote; este mismo sistema sirve en el tercer mundo para distribuir las cartillas de racionamiento.

Voto Pitagórico:

  el cuadrado de la Hipotenusa es igual a la suma del cuadrado de los catetos; este teorema es válido para la Geometría de los triángulos rectángulos, que son una rama de la Matemáticas, pero no para las Pseudo Ciencias Políticas; en unas elecciones la suma de pocos o muchos  

  Catetos cuenta mucho más que todas la Hipotenusas Neurocirujanas y Astrofísicas del Mundo. Y, hablando de neurocirugía, recuerden que en la urnas el cerebro ha dejado sitio al voto (cateto).