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En ese año, 1978, gracias a la Constitución de y para las Autonotaifas y los partidos políticos, se obtuvo el resultado práctico de acercar la corrupción y sus chanchullos a TODO CIUDADANO CON VOCACION DE CORRUPTO; por supuesto que sin obligar a nadie AJENO a tan DEMOCRÁTICAS y CORRUPTAS organizaciones como partidos, sindicatos de clase, y demás entidades  civiles representativas de los poderes públicos y fácticos del estado; y recalco lo de ajenos y lo de civiles; la mera pertenencia a estos democráticos estamentos civiles coarta el libre albedrío de sus miembros o militantes

Hasta ese año, y durante la dictadura(???) la corrupción de alto nivel sólo estaba al alcance de una élite, y de esa élite, solo unos pocos escogían esta mala práctica. Esta élite, si era corrupta, no necesitaba de conseguidores para sus chanchullos; ellos mismos ERAN la influencia con la que no necesitaban traficar. Si se pasaban o no eran lo suficientemente discretos, el Invicto Caudillo en persona “los dimitía”. Era un estado barato en cuanto a cargas impositivas y las inversiones eran productivas, incluso aquellas pocas en las que había “favoritismos” para la adjudicación de obras; para el que no lo entienda: se hacían muchas cosas útiles y necesarias con poco dinero

Y todo ello era debido a la centralización y a la ausencia de partidos políticos. No era el más perfecto de los regímenes pero había orden y no resultaba oneroso.

Pero era un régimen personalista que tocó a su fin con la muerte del General en 1975; la nueva generación de españoles ya no recordaba las “bondades” de la II República y reclamaba libertades públicas que estaban restringidas por el Régimen, pero no tan restringidas como quieren ahora estos corruptos dar a entender, sobre todo en los años finales. Y la solución obvia y demandada (sin saber la que se nos venía encima) fue Democracia y Partidos…y se elaboró una Constitución en la que colaron, como si con los partidos no fuera suficiente, las AUTONOTAIFAS; y diecisiete autonotaifas nos acabaron embutiendo en un país de tan sólo medio millón de kilómetros cuadrados; diecisiete, nada menos.

Y para acercar la Administración todavía más al ciudadano, dieron muchos y excesivos poderes a los ayuntamientos; poderes como el de embargar las cuentas de los ciudadanos sin orden judicial, o facultades para recalificar terrenos sin más restricciones que las que las autonotaifas tuvieran a bien imponerles; no eran muchas: “una mano lava a la otra, y las dos, la cara”.

Y la élite intelectual y técnica, compuesta por los mejores de TODA ESPAÑA, que protagonizó la transición y elaboró la Constitución, fue desapareciendo diluida por el tiempo, los partidos, y nuevas hornadas de políticos cada vez más incompetentes y…corruptos.

El efecto del estado de las autonotaifas fue la de poco a poco rebajar la calidad humana y moral de los políticos y de las personas e instituciones con ellos relacionados: un estado centralizado para su gobierno y orden  puede elegir entre los mejores de TODO el país; un reino de taifas se tiene que conformar con “lo mejorcito de cada casa”, con lo que se facilita mucho la tarea a los conseguidores, llámense Urdangarín, Granados, o Niño Nicolas; en lugar de inasequibles ministros y lejanos ministerios (abajo: foto Nuevos Ministerios Paseo Castellana)    

     estamos hablando de amiguetes con los que a menudo tomamos café todos los días: muchos podemos ser conseguidores aunque sea a nivel modesto. Esto, junto con ciertas subvenciones que compran VOTOS pero que el estado no se puede permitir, facilita, y de hecho causa, esta corrupción desmesurada que ninguna nación puede ni debe afrontar.

Y la corrupción es causa y no consecuencia del mal de los nacionalismos separatistas: el chalaneo para obtener votos para a toda costa poder gobernar, por ejemplo, ha sido el principal arma del traidor separatista. Y algunos han hecho cosas peores que estos pasteleos para gobernar; mucho peores; de hecho cosas cruentas, que están en la memoria de todos, han hecho algunos para ganar unas elecciones y así poder gobernar.

La peor corrupción es la que cuesta vidas humanas; se hable de abortos, de eutanasias, o de trenes.

Así que no es que este régimen necesite un cambio, es que a este régimen hay que cambiarlo. Más  de lo mismo, más partidos, más elecciones, no haría mas que agravar lo insostenible. 

La integridad de la Nación, el orden, y el bienestar de los ciudadanos, son fines en si mismos; urnas y papelinas no son fines sino, en el mejor de los casos, medios; medios que además ya han cumplido su ciclo por culpa de los que de ellos se ha beneficiado tan ilícita e impunemente durante tanto tiempo.

Y esta vez la culpa no la tiene Franco. Ni los fascistas. Ni los curas. Ni los mercados. Ni la propiedad privada. Ni el Vaticano. Ni los peces de colores.