de votar y/o dar patentes de corso tanto a gomierdo como a oposición, tanto a aforados como a desaforados; hablando por cierto de deberes cívicos y civismo.

Y escribo esto también con la intención hacerle un modesto homenaje a Isaac Asimov,

el escritor que nos ha dado a conocer al ROBOT, ese muchas veces incomprendido pero útil personaje.

Hecho este inciso, volvemos a la cuestión de usar robots para fines democráticos, o para un uso práctico de su aplicación en una llamada democracia formal.

Y considerando que:

-La gran aberración de una democracia formal se basa en la Urnalatría

un culto idiota que consiste en la sacralización de las urnas y de todo lo que de ellas salga.

-Y que la principal liturgia de todo este estúpido culto consiste en las votaciones; y que el mejor modo de acatar este estado de cosas es votar,

Concluimos que

Vota bien sin mirar a quien, que total todo da lo mismo; lo único importante es guardar las apariencias; todo tiene que parecer muy democrático, sobre todo cara a la”Unión” Europea esa.

-Y que al gomierdante sólo le justifican las urnas; para su permanencia en el gomierdo no necesita gobernar bien; además, no sabría aunque quisiera. Da lo mismo que gomierde mal, o que no gomierde en absoluto; casi mejor.

-Y que además estas mismas urnas también justifican a la oposición en todo lo que haga o deje de hacer; lealtad a su país y sus leyes, respeto a pactos y a sus propias reglas de juego, no le son necesarias.

– Y que PORQUE EL PUEBLO HA VOTADO, le dicen a la plebe que “ahora es nuestro turno, el de los partidos; TODO nos está justificado”.

– Y que aquí es donde podrían entrar en escena los robots, puesto que: a) la mayoría percibimos la ceremonia de las elecciones como una pérdida de tiempo, y, b) los robots podrían introducir papeletas y papelinas por nosotros en las sagradas urnas.

 Total, hace tiempo que somos ciudadanos sin rostro y no se notaría la diferencia; sobre todo desde Bruselas. Tenemos cosas mejores que hacer que participar en esta comedia de las votaciones, que no elecciones, porque elegir, lo que se dice elegir, no elegimos absolutamente nada: HACE TIEMPO QUE EN ESTE SUPERMERCADO TODO SON MARCAS BLANCAS; o muy negras, según sea mire.

Y no hay razón para que a partir de ahora los robots, tan simpáticos ellos, 

 

cumplan con el “deber cívico” de votar en lugar nuestro.

Y quien sabe, quizá a base de votar algún día se animen a ser ellos mismos, los robots, candidatos a parlamentarios, senadores, gomierdantes, miembros de los altos triburrales, y otras chupinadas. A juzgar por la siguiente foto

tampoco nadie notaría la diferencia con esta clase política que la democracia ha tenido a bien regalarnos…¿a que no?.