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…Sangre de Hispania fecunda; y así empieza este sentido poema del gran Rubén Darío, nombre por el que era conocido Félix Rubén García Sarmiento, escritor poeta y diplomático nicaragüense.

Noble por naturaleza, este leal e ínclito maestro de la literatura castellana y su ubérrima obra, merecen ser recordados y meditados en el día de hoy, un 12 de Octubre del siglo XXI, casi 100 años después de su fallecimiento, porque…

…sangre de Hispania fecunda,

espíritus fraternos, luminosas almas ¡ave!…

…porque su modélico amor a la madre patria, sentido, profundo, y sincero, debe ser ejemplo y recordatorio, no ya para toda la Hispanidad, sino, sobre todo, para la Madre Patria Hispánica, la también ínclita y ubérrima España; nuestra España. Porque este período “formalmente” demócratico ha abierto las puertas a nuestro enemigo más peligroso y maligno: el que está entre nosotros y lleva nuestra misma sangre para envenenarla con su propia pequeñez espiritual.

Enemigos que nos odian porque odian a España y escupen a nuestra bandera; enemigos cuya sola existencia nos avergüenza…o debería avergonzarnos.

Ínclitas razas ubérrimas/sangre de Hispania fecunda,/espíritus fraternos , luminosas alma ¡ave!…palabras sentidas con gran amor que son un canto a la salud, Rubén Darío, poeta nicaragüense, percibía Hispania como una entidad fraternal y sana de espíritu; de hecho extraordinariamente sana. Tener en cuenta que, además del gran literato, hablamos también del prestigioso diplomático que tan bien conocía España.

Hoy, porque es día de la Hispanidad, en unos tiempos en que los enemigos víricos de la Madre Patria de la Gran Hispania han conseguido enfermarla con un mal potencialmente letal, me he atrevido a recordar a Rubén Darío, ilustre español de Nicaragua, y a la orgullosa españolidad de su magistral obra.

Sírvanos de ejemplo pues, nuestro querido poeta nicaragüense, a todos los españoles que reivindicamos España con nuestras manifestaciones y banderas en balcones y ventanas, sobre todo en territorio ocupado por estos  enemigos virales, pequeños, malignos, y miserables.

Y como termina el poema,

Y así sea Esperanza la visión permanente en nosotros,

¡ínclitas razas ubérrimas, sangre de Hispania fecunda!

…y como termina el poema, devolvamos la salud a nuestra España, librándola del enano y viral enemigo que tan gravemente la enferma.

ANTES DE QUE SEA DEMASIADO TARDE