Tags

Nos contaba nuestro padre que gran parte de su niñez, junto con la de sus cinco hermanos y tres hermanas, la pasó en la Barcelona de los años 20, años de entreguerras y de la Belle Epoque.

El motivo era que el trabajo de su padre (mi abuelo), ingeniero, le llevó a una de las muchas industrias de la zona. Vivían todos en un piso de las Ramblas (foto de abajo), en cuyos alrededores había una tienda de ultramarinos, que era lo mas parecido a un supermercado de nuestra época.

El dueño y encargado de esa tienda de ultramarinos

se  hubiera llamado Ramón, quizá Ramoncito o Ramoncín en cualquier otra época y lugar de España, la SGAE actual sin ir más lejos y por poner un ejemplo.  Pero como estaban en Barcelona, en mil novecientos veinte y pico, al buen tendero lo llamaban Ramonet.

Y el tal casi honorable y honrado Ramonet, que engañaba sólo lo usual y razonable con el pesaje del género y con las vueltas o cambios a la hora de cobrar, sin embargo mantenía dos feas costumbres cara a sus parroquianos: un 3% de comisión para el servicio doméstico que compraba para sus señores en la tienda (repartidos entre lo que sacaba con los cambios, género semi caducado, y/o pesaje de más) y su falta de higiene personal, concretamente en las manos, que nunca se lavaba, y en su delantal,  azul en origen, pero de colores sospechosos en esos días; también  por falta de lavado.

Y al amigo Ramonet, que en cualquier otro tiempo y lugar (por ejemplo la actual SGAE) hubieran podido llamarle Ramoncín, también le sudaban mucho la semi-calva y la frente; sudor que se secaba sólo parcialmente con el delantal, puesto que la mayor parte se le caía antes e iba a parar al género. Y en las tiendas de ultramarinos el género consistía casi siempre en cosas de comer.

Y mi padre y sus hermanos, entonces en edades infantiles, cuando en la mesa había porciones de queso o embutido de la tienda de ultramarinos, nunca querían la primera porción: la había tocado Ramonet; las otras las habían cortado en casa.

Poco a poco, pasado el tiempo, esta expresión de lo tocado por Ramonet quedó en la familia como broma privada. Y así, en pleno siglo XXI, ya fallecidos mi padre y sus hemanos, todavía algunos, cada vez menos, de la “nueva hola” (sesentones la mayoría) la usamos a veces para referirnos a cualquier tipo de suciedad o podredumbre y corrupción, pudiendo ser esta física o moral.

Pero resulta que lo tocado por Ramonet, lejos de desaparecer con el tiempo, ha vuelto a resurgir con más fuerza estos días, mucho después de que el original Ramonet de la Barcelona de entreguerras falleciera; como resurge un incendio de brasas no apagadas… incendio del que se ha hecho cargo la UDEF, “¿qué coño es eso?”, incendio negado hasta ayer por el mimísimo Ramonet reencarnado en la Barcelona de nuestros días; foto de abajo:

Y lo tocado por Ramonet II el Independendista resulta que es más profundo y extenso que lo tocado por Ramonet de nuestro Ramonet original, el de los ultramarinos.

El importe de lo sisado ha llegado a Suiza, Andorra, y seguramente a lugares más exóticos. La UDEF, ¿qué coño es eso?, va tirando del ovillo; que por cierto los ovillos se venden en las mercerías, no en los ultramarinos; ¿metástasis?….

Ramonet II el independensta, no confundir con Ramoncín I el pancatalanista, ha confesado el otro día tener unos ahorrillos  en Suiza; dicen que para proteger a su prole quiere cargar con este marrón.

Esta confesión llega demasiado tarde: lo tocado por Ramonet lo ha pringado todo en Cataluña y España.

La democracia y sus partidos lo han tocado todo como Ramonet; o Ramonet los ha tocado a ellos.

O puede que todos todos sean Ramonet, el de los ultramarinos, reencarnado.

Todos menos Ramoncín, que es también referéndumlista pancatalanista, pero cosa distinta a Ramonet.

Quien no tenga motivos que no se de por aludido. O si te pica, ráscate.