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…….Y otras “imperativas” imperiales chorradas.

“Prometo acatar la Constitución por imperativo legal”, es una fórmula de acatamiento a la legalidad digna de países tercermundistas sin ley. Fórmula inaceptable en países normales.  

Porque juramentos, promesas, y contratos hechos bajo coacción no tienen validez; es una fórmula trampa que sirve al sujeto público y cargo electo que la utiliza para, en un futuro y  en cuanto tenga la ocasión, no acatar la Ley. Es un acto más perverso al ser el cargo público, electo o no, quien usa esta frase-trampa, precisamente por ser el cargo público el más obligado a cumplir la legalidad vigente.

“Acato por imperativo legal” en la práctica viene a decir que “digo acatar la Ley no libremente y obligado bajo coacción, por lo que esta promesa no es válida: de hecho prometo ir en contra de la Ley en cuanto pueda.”

Quien formula una promesa en estos términos, implícitamente reconoce su intención de no cumplir; sólo espera la primera oportunidad para ser desleal, que se dará cuando la causa de fuerza mayor o “Imperativo Legal” desaparezca. Cosa que ocurrirá en cuanto que, por cualquier motivo, la Ley deje de poder implementarse. Traducido al Román paladino, siempre que tenga impunidad y ganas se saltará la Ley.

Y el mero hecho de que se les deje utilizar esta fórmula es una prueba de que más temprano que tarde esta ocasión de actuar con impunidad se presentará, porque el cargo público desleal sabe muy bien que trata con un estado débil, acomplejado, y tercermundista; un estado sin ley, y, lo que es mucho peor, sin orden.

Cuando dicen que acatan “por imperativo legal” nos dicen que acatarán “mientras se les pueda obligar a acatar”.

Y para dar de comer aparte está la chorrada utilizada por la nueva adquisición de la “casta”, el recién llegado ese, con mas ocurrencias aún que el Zapatrenes, que “promete” acatar la Constitución “hasta que el pueblo la cambie y más blá blá blá.”

O sea que cuando el pueblo cambie la Constitución dejará de acatarla. Cuando el pueblo “recupere la democracia”, dejará de acatarla.

O sea que si dejamos la Constitución tal y como está, el señorito la acata.

Y es que el tercer mundo no sale de chorradas.

Por mucho que se llame o se esté en la “Unión” Europea, de las gilipolleces no nos libra nadie, y menos que nadie la “Unión” Europea, subcampeona del mundo en inventarse chorradas.

Porque los campeones somos otros.

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