….Porque y a raíz de que la policía crea 22 nuevas condecoraciones,  me ha resurgido una idea de tiempos lejanos. Esta idea es la de fundar un club, el Club de Amigos del Emotivo Acto, club que tendría como miembros a los cargos electos por la urnalatría vigente y al personal de alto rango designado por estos cargos sacralizados por los votos.

Porque en el Emotivo Acto, además de las condecoraciones, también entrarían en esta categoría las inauguraciones, homenajes, botaduras navales, primeras piedras, doctorados “honoris causa”, y cualquier otro acto oficial que requiera una cierta solemnidad y presencia medíatica, ya que el fin último de estos actos es la propaganda; el premio, en el caso de las condecoraciones y homenajes, o la utilidad práctica (como pueda tenerla un nuevo buque) es lo de menos.

El Club de Amigos del Emotivo Acto se fundaría, pues, para mayor gloria de la casta política, de los altos cargos por ella designados, y de los medios de comunicación afines y autoproclamados independientes.

Éste club sería muy útil para aglutinar todos estos actos de propaganda hasta ahora dispersos en varios ministerios, instituciones judiciales, académicas, y políticas, fundaciones de partidos y financieras, y sería muy del agrado de la oposición, gobernara quien gobernara, ya que también “chuparía cámara”, así que todos contentos.

Además el Club de Amigos del Emotivo Acto no estaría tan mal visto como un Ministerio de Propaganda propiamente dicho. Crearía trabajo para guionistas y coreógrafos en paro, maestros de ceremonias, y hasta para especialistas en efectos especiales, todos ellos amigos de los de la ceja, estos últimos unos parásitos subvencionados pero siempre conflictivos y difíciles de contentar.

Quitaría trabajo a todos los ministerio, coordinándoles la propaganda. Coordinaría otros servicios externos, siempre necesarios para muchos de estos actos. Téngase presente que casi ningún Emotivo Acto puede prescindir de la presencia de un alto mando castrense, de un obispo, ni de una señora gorda. Por ejemplo, ¿alguien imagina una botadura sin la señora gorda de turno rompiendo la botella de champán contra el casco?.

Con lo que de nuevo brindo esta brillante idea mía (soy abuelo pero no tengo abuela) a quien le pueda interesar.

Félix Fernández de Castro (bucker125)