Que albergaba al desparecido Bar Granada. Estaba situado a la derecha y al borde de esta vieja carretera, accesible a motos. Los pocos coches que circulaban, o bien tenían que aparcar incorrectamente, medio coche en la carretera y medio en la cuneta, o bien tenían  que dar la vuelta a la parte baja de Portals Nous y coger un caminito que llevaba al bar; el rodeo era considerable.

O sea que suponía (creo que correctamente) que, dada la peculiar accesibilidad del local y el relativo aislamiento del mismo (no había otra casa ni comercio cerca), la clientela estaba formada principal y mayoritariamente por motoristas que iban o venían de Andraitx o Andratx (importa un bledo como se escriba) o del pueblo de Paguera o Peguera (te digo…). Los pasajeros del autobús de línea no lo tenían tan fácil, a no ser que vivieran en la parte baja de Portals; el que se bajara para descansar y tomar algo en el bar, para después continuar viaje, hubiera tenido que pagar otra vez el billete del siguiente autobús a Palma o a Paguera o Peguera, como se llame, o a Andraitx o Andratx o como el demonio lo quiera llamar. Y los pocos automovilistas, por problemas de accesibilidad y estacionamiento, poco paraban ahí.

En 1953 (y después, hasta donde sé) eran motoristas los que paraban en ese bar, usuarios de motos nacionales de 65 a 500 cc, estas últimas (las más grandes y las menos numerosas, estas de medio litro), Sanglas monocilíndricas. Las más habituales eran las más pequeñas Osas, Lubes, Montesas, generalmente de 125 cc. Por lo que eran pacíficos motoristas los clientes del bar, no moteros estilo americano, Hell Angels con sus Harleys y sus Indians.  En 1953 la posesión de automóviles en España todavía era privilegio de muy pocos, y el buen tiempo de Mallorca facilitaba el uso frecuente de la moto. En caso de mal tiempo, los más sensatos optaban por el autobús público, y los mas osados “desafiaban las inclemencias del tiempo”, según la cursi frase hecha.

Una parada de autobús estaba abajo y a la salida de Portals Nous, cerca del Bar Granada, y en la parte alta de Portals había también otra.

Este Bar Granada ocupaba toda una casita o caseta, similar en tamaño a una caseta de peones camineros de las grandes. Estimo que no tenía más de 90 metros cuadrados. Por fuera era blanca, con las letras que indicaban Bar Granada grandes y de color rojo. Tejado con tejas de color marrón claro, u oscuro, quizá ocre; hace tanto tiempo que no me acuerdo, pese a que nos era visible desde la carretera según bajábamos, puesto que en esos momentos estábamos más altos; de lo que no tengo dudas es de que la parte superior era tejado y no terraza. Una puerta de entrada y un par de ventanas con persianas le daba aspecto de casita. Le quitabas el letrero de bar, y hubiera parecido un pequeño chalet, sin jardín.

Y a esto se limita todo lo que he visto, tantas y tantas veces, del Bar Granada, sito en la vieja carretera de Paguera o Peguera y Andraitx o Andratx, o como lo quieran llamar los desocupados de turno, cuando se pongan de acuerdo. Si es que se ponen de acuerdo, extremo este de escaso interés para el común mortal.

Nunca he entrado en el Bar Granada, pese a haber pasado muchas veces delante del mismo; todo lo más, puede que lo hubiera podido contemplar durante más tiempo, por estar el tráfico parado debido a un atasco.

A veces algunas motos que estaban aparcadas fuera del bar llevaban cañas de pescar atadas, sobre todo los Domingos y fiestas de guardar. Al principio, en aquellos años 50, de fines de semana lo único que conocíamos era lo que veíamos en el cine, mayormente en las películas americanas. Los sábados eran laborables todo el día. Y los puentes eran lo que debían y deben ser los puentes: obras de ingeniería civil utilizadas para salvar obstáculos, como ríos o barrancos. La otra acepción de la palabra puente, la lúdica, vino años más tarde, con la decadencia.

El hecho de que me conociera bien esta carretera era debido a que mi primer domicilio en la Isla lo ubicaron mis padres en Paguera (o Peguera hoy día, no te digo..), donde pasamos unos meses, los primeros meses antes de trasladarnos a Palma. En aquel entonces, con el buen fario que me caracteriza, ya me había roto una rodilla, por lo que permanecía la mayor parte del tiempo en casa, inmóvil, con la pierna escayolada y mirando la playa. Sólo mirando.

Paguera (o Peguera según los modernos “lingüistas” de la democracia) era el último pueblo de la carretera vieja, antes de llegar a Andraitx/ Andratx o lo que manden llamarle los modernos “lingüistas” de la democracia, cuando y si es que se ponen de acuerdo; tema baladí que me trae al pairo, y seguro que sin cuidado al resto de la población.

Y debido a no haber estado nunca dentro del Bar Granada me está permitido imaginármelo de muchas maneras; no tantas (aquel bar tampoco daba para tanto) como la veces que he (hemos) pasado por delante, pero muchas de todos modos. Paso a contar algunas, relacionadas con las “pasadas” que hice frente al bar, sobre todo en dirección Palma, con el bar a mi derecha.

Durante 1953, durante la estancia de la famila (padre, madre, hermano, y servidor, cojo prematuro ya entonces) en Paguera o Peguera, como quieran llamarle los eruditos y provincianos “lingüistas” cuando lleguen a un acuerdo, hicimos muchos viajes a Palma, la mayoría relacionados con mi rodilla rota y la pierna escayolada. En el taxi del pueblo a lo primero, y luego en un coche de alquiler sin chofer, cuando llegó mi padre del extranjero para quedarse una temporada. Eran coches americanos de finales de los años 30 o principios de los 40, mal mantenidos por falta de recambios.

Y ya enseguida me llamó la atención, el blanco y rojo Bar Granada; Coca Cola (en un vaso con mucho hielo) con patatilla muy salada, o si hacía frio, Laccao (producto local célebre, fórmula secreta) con galletas. Más tarde le cogí gusto a la cerveza y a las aceitunas rellenas.

Ya viviendo en Palma, y libre de la jodida escayola, mi padre me paseaba cuando podía en una moto MV que había comprado. Y estuvimos un día muy cerca de tomar algo, por fin, en el Bar Granada: ese día íbamos de excursión con amigos motoristas de mi padre, carretera de Andraitx (ahora algunos “doctos” dicen que se escribe o digamos Andratx, a ver si se ponen de acuerdo), rumbo al puerto de ese pueblo, me parece, y como no salimos todos a la vez de Palma, quedaron (los adultos) en reunirse en…..¡el Bar Granada!. Pero mi padre y yo llegamos los últimos, y sólo había un amigo de mi padre esperándonos sentado en su moto junto al bar. Nos dijo que los otros ya se habían ido rumbo a Andraitx (renuncio a escribir bien el nombre del pueblo hasta que se aclaren, y si me da la gana), y que les siguiéramos. Y ya no nos detuvimos en el Bar Granada. Ni bajamos de la moto. Ocasión perdida.

Y dejo el resto, mis avistamientos y acercamientos adultos y con autonomía automotriz, al Bar Granada, también sin entrar, para una segunda parte.