Ballot (inglés) y Teismo (español) Continuación de la tercera parte, link

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(Capítulo cuarto de la tercera parte, con los balloteistas ya dentro de la carpa; comienza la ceremonia) Entre los fieles balloteistas y los observadores implicados, incluyendo entre estos, además de científicos, a la prensa, reinaba un aire festivo. A ello contribuía la decoración y la luminosidad de la carpa, que realzaba las pinturas del Esquizo Dalí. Las pinturas del techo, sobre todo, llamaban la atención de los asistentes y gustaban a la mayoría, por no decir a todos por igual, balloteistas e invitados. Música de órgano y violines, en vivo, se oía de fondo, alegre, no demasiado alta. Los murmullos de admiración iban creciendo hasta que el restallido de un látigo en un gong (Indianajones, el de los Secretos Cajones) los acalló.  A esta señal, el restallido del látigo en el gong, también pararon los músicos.

Y la atención de los presentes se dirigió al frente, donde, sobre una tarima había una especie de altar, y sobre este altar  una inmensa Urna, iluminada con luz indirecta de color dorado. A la derecha del altar había un púlpito, y en el púlpito estaba un orador (predicador), el Director del Centro, Piskiatra Sagaz. Seguro de la atención de los presentes, dio a estos la bienvenida, breve y cálida; por otra parte el sistema de megafonía era perfecto o casi, y sus palabras fueron: “Mis queridos fieles y amigos: me ha tocado a mí, vuestro servidor, el recibiros en este acto al que habéis contribuido, en mayor o menor medida, todos. Sirvan mis palabras, pues, tanto de acogida como de agradecimiento. El Balloteismo y su Verdad os colmarán de bendiciones, hoy, por vuestra devoción y presencia aquí, y en el futuro, por vuestra dedicación y perserverancia”.

Y comenzó de nuevo a sonar la música, esta vez algo de Vivaldi; y por el pasillo central, desde atrás, aparecieron las animadoras, que no eran otras que las mismas modelos de lencería de la Jeringuillas, que las precedia. Cerraba la marcha, vistiendo su negra sotana, el converso al Balloteismo y diseñador de todo este acto litúrgico, el Padre Apelaciones. Llevaban todas las modelos adosadas (y el Padre Apelaciones también) unas alas de ángel estilo Victoria Secret y bailaban conforme avanzaban hacia adelante, hacia el altar con la gran Urna. Repartían, mientras danzaban y avanzaban, unas Papeletas en blanco entre los asistentes que estaban en la parte del pasillo de los bancos, quienes a su vez las iban pasando a los que estaban situados más al interior……

……por lo que, hasta la primera pasada del columpio – botafumeiro de marihuana, nadie se percato de que el Secretario General, el trapecista Monkey Busines, estaba columpiándose sobre sus cabezas desde hacía poco. Antes no habían visto nada mientras miraban a lo alto, a las pinturas del Dali, porque no habían colocado el botafumeiro de marihuana. Al Monkey Busines  le habían colocado el columpio lo bastante alto para que no cabreara durante su movimiento pendular, con sus collejas y coscorrones, ni a la Jeringuillas ni a sus modélicas (se habían convertido todas al Balloteismo) modelos de fina lencería.

Desde la primera pasada del Monkey Busines empezó a sonar el preludio de la Cabalgata de las Valkirias de Wagner, música o estruendo muy indicados para el momento. Asimismo la euforia entre los presentes iba en aumento, debido a la marihuana del botafumeiro – columpio tripulado por Monkey y por la música: Wagner había dejado paso a las sambas brasileiras, que a su vez se silenciaron cuando los fieles, cada vez mas eufóricos por el ambiente, la devoción,  y la marihuana empezaron a repetir, a modo de mantra, la primera consigna del Balloteismo : “Votaciones sí, elecciones no, se vota por votar, no para elegir, no para decidir”.

Y al llegar la Jeringuillas al altar empezó la Primera Votación o Introito de la historia del Balloteismo, cuando la Jeringuillas, tras una genuflexión a modo de reverencia, introdujo su Papeleta en la Urna ceremonial. Fue la primera en votar, seguida por las modélicas modelos, por el Padre Apelaciones, y luego por los fieles, empezando por los ocupantes de los bancos de atrás, guardando una sola fila ya que se intercalaban, muy sincronizados, los ocupantes de los bancos de la derecha con los de la izquierda en el pasillo central. Una vez que habían votado volvían a sus sitios por los pasillos laterales, pudiendo ver, de pasada y mas de cerca, los paneles laterales pintados por el Dalí. Los últimos en votar fueron los miembros del Consejo, que ocupaban el primer banco. Y el último de estos fue Monkey, el trapecista, porque apuró su columpiada (y las emanaciones próximas de marihuana) hasta el último segundo posible. No obstante, la idea de la marihuana fue del Piskíatra Sagaz, que conocía de sus efectos terapéuticos, y tenía licencia para obtenerla para estos fines.

Con música solemne de Bach, para órgano, se procedió a la parte del recuento de Votos, mera formalidad simbólica hecha por motivos ceremoniales y prácticos: así los filigreses, sentados, tendrían tiempo de reposar las emociones de este primer rito de Introito o Primera Votación Y terminó el simbólico recuento y así terminó esta primera ceremonia balloteista.

En los jardines del Frenopático de los Frenesís Frenéticos, y ya fuera de la carpa gracias al buen tiempo, fieles e invitados disfrutaron de un picnic de confraternización sin hormigas, pero con vino, canapés, y refrescos.

Llegada la puesta de Sol, los residentes se retiraron al edificio y los externos regresaron a sus casas en los autobuses, tranquilamente y con tiempo, sin necesidad de la escolta del Morgan. Se separaron felices, porque era el comienzo de su nueva fe, el Balloteismo, con promesas de cada vez más ceremonias y encuentros como este.

Y así termina esta historia, de la mejor de las maneras posibles:  con un comienzo.

Félix Fernández de Castro (bucker125).- Posiblemente, más adelante, haré secuelas de esta primera historia sobre el Balloteismo, porque me he encariñado un poco con el tema, y, sobre todo, mucho mas con los personajes.