…..Que no es de esa Bruselas capital de la “Unión” Europea, sino del desaparecido  Bar Bruselas de Palma de Mallorca de lo que va este post sabatino. En la Bruselas capital de la “Unión” Europea tienen buena cerveza, y ahí acaban las similitudes entre las/los dos Bruselas.

El Bar Bruselas de Palma de Mallorca estaba situado en una estrecha calle céntrica, y ocupaba un semisótano al que se accedía directamente desde dicha calle bajando cuatro o cinco escalones. Tenía una barra larga, con muchos ceniceros y taburetes, mesas bajas también con ceniceros, uno por mesa, un buen piano, y muy buena acústica.

Al final de los sesenta, durante una buena temporada, ese buen piano del Bar Bruselas lo tocaba el gran pianista español y catalán Tete Montoliú, a quien más de uno le debemos el haber adquirido el gusto por la música de Jazz.

Curiosamente empezaba a tocar temprano, en días laborables como a las ocho de la tarde/noche, con muy poca publicidad (sólo un cartel pequeño en la puerta anunciaban al músico y los horarios del bar) de hecho yo mismo me enteré porque un día aparqué el coche cerca. En aquellos años, como estábamos en una dictadura, podíamos aparcar en el centro, calles estrechas inclusive si arrimábamos el coche a la pared y dejábamos pasar; seguramente porque pero la democracia no había llegado, pienso.

Así que aquel primer día, terminado el trabajo donde el pluriempleo de las tardes, en lugar de meterme en el coche e irme para casa (en aquella época estaba yo felizmente soltero) me metí en el Bar Bruselas.  Y descubrí……

……que los bares de jazz vistos en muchas películas, existían de verdad, estaban llenos de humo (no importaba: éramos fumadores y/o tolerantes en aquella dictadura), la cerveza estaba fría, sabían hacer un Dry Martini o un Manhattan, y había suficiente luz como para leer el periódico, si uno quería. Y que….

…..la música que tocaba Tete en el piano fluía y fluía, y se enlazaba sin solución de continuidad en aquella brumosa atmósfera, a veces mas rápido incluso que el tren de los pensamientos de mi cansada mente; mente que, tras una jornada con dos trabajos, procuraba, además, poner en blanco. Y en blanco ponía.

Los precios de las consumiciones eran casi los mismos que los de cualquier otro bar de la zona. Yo tomaba cerveza, a lo mejor San Miguel, la mejor de España antes de que la estropeara el fabricante, a lo mejo Estrella, si fue después de que a la San Miguel me la estropearan. La verdad, hace tanto tiempo que no me acuerdo.

Componíamos el público gentes variadas de todas la edades y nacionalidades. Americanos retirados residentes (habían muchos en la época, los precios en la dictadura eran razonables, al igual que la seguridad) que ocupaban la barra, junto a solteros españoles, y matrimonios y parejas, que ocupaban las mesas. No había terraza con mesas en calle, dada la estrechez de esta.

Me encantaba la barra del Bar Bruselas, la cerveza (San Miguel o Estrella, para mí), con el humo de mis cigarrillos y el de los demás, bármanes incluidos. Hace tiempo que no fumo, pero no concibo un piano-bar, mucho menos de jazz, sin humo; mucho humo. Los que no tomaban cerveza tomaban el popular cuba libre, brandy (el coñac de Jerez) con hielo, whisky escocés (que empezaba a sernos conocido) generalmente con hielo y agua o con hielo y soda. Existía una manera variante de tomar el whisky para chicas jóvenes que empezaban a salir, que era con hielo y ginger ale.

Tete Montoliú en sus descansos le acompañaban a la barra, para el que no conozca el detalle les cuento que era invidente, ciego que decíamos entonces, en los que ciego no era un término peyorativo, cosas de Franco al parecer, y se sentaba en un taburete con su whisky (creo que era whisky) y su cigarrillo, me parece que fumaba. Estoy casi seguro de que sí; ¿qué por qué no me acuerdo? pues porque casi todo el mundo fumaba, sobre todo en nuestro Bar Bruselas.

Una vez en su taburete y en la barra, saludaba a los que tenía a su alrededor (era una barra muy larga) y descansaba un rato. Era afable y poco hablador, esto último al menos con extraños. En la barra se hablaba poco, mucho menos que en las mesas. Por lo general no me gustan las mesas.

Yo me iba pasadas la nueve, a veces casi eran las diez. Muy relajado, y muy descansado.

Estos son recuerdos de un local público, el Bar Bruselas, su humo, su ambiente humano, y sobre todo quiere ser un humilde homenaje, este fin de semana, a ese gran músico, catalán y español, de prestigio mundial, que fue nuestro Tete Montoliú.