Un buen día de finales del siglo XXI despertamos las pocas personas normales que aún quedábamos en el planeta, y para nuestra sorpresa, tras el café y croissans (y pitillo para alguno de los normales más peligrosos),  descubrimos que el 99% de los chistes que conocíamos y nos contábamos eran políticamente incorrectos; es más: estaban a punto de ser oficialmente prohibidos por la PMP, la Paz Mundial Progresista, guardiana de la vigente Sagrada Corrección Política, sustituta obligatoria de todos los principios y valores personales.

Ese día descubrimos, mejor dicho nos hicieron saber, que la BVP, Brigada de Vigilancia Progresista, sección de LPC, Lo Políticamente Correcto hacía tiempo vigilaba esta vía de escape nuestra. La BVP, sección de LPC informó al gobierno planetario, PMP o Paz Mundial Progresista, de que estos chistes, ocurrencias, y chascarrillos (de nosotros, los normales) no sólo eran ofensivos para las denominadas minorías, por tanto políticamente incorrectos, si no que apreciaban en la mayoría de estos chistes un alto contenido subversivo. Téngase en cuenta que a finales del siglo XXI la palabra minorías era sinónima o tenía equivalente significado que la de masas.

Los normales éramos los malos, los mal vistos. De hecho, mal visto y normal, querían decir (significaban) ya lo mismo desde principios de este siglo XXI.

Y este día nuestros chistes, subversivos y de mal gusto para la autoridad de La Paz Mundial Progresista, estaban a punto de ser prohibidos oficialmente.

Así, a bote pronto, no se podrían contar más chistes étnicos, y las referencias a razas y etnias tendrían que ser siempre en un contexto serio y necesario, y siempre con eufemismos respetuosos, como subsahariano  u oriental o magrebí; los chistes o bromas de negros, chinos o moros, quedaban, en futuro próximo, prohibidos. Chistes como el del chino (que pronuncia la R como L) que llega a un hotel y pregunta en recepción “¿chinito podel alojal aquí?”  y cuando le dicen que sí, hace “Puaaak” (vomita) por encima del mostrador, prohibidísimos. Y más aún los de negros, incluso los contados por los mismos negros normales, considerados, por la progresía, casi como traidores a la minorías. Como aquel negro (normal) que en la cola del super bromeaba diciendo que “estaba blanco de tanto esperar”; a este la autoridad progresista seguro que le fusilaría, si fusilar fuese políticamente correcto.

Los chiste verdes, o con carga sexual, tampoco salvarían la censura de lo políticamente correcto, por considerarlos inapropiados y ofensivos el colectivo minoritario de las feministas. Podemos irnos olvidando del chascarrillo de que “están siembre cabreadas porque no les acaba de crecer el bigote”, y parecidos o equivalentes.

Expresamente prohibidos los chistes sobre partidos (hacía tiempo que se decretó que todos los partidos eran políticamente correctos, por definición), urnas, votos, y democracia; esta última elevada a la categoría de religión única, junto a la musulmana.

Y así estamos, “a tal día de hoy”, temiendo por el futuro del chiste, en un inacabado e inacabable relato de ciencia ficción, por ahora acabo como Daphne du Maurier acabó el cuento de Los Pájaros.

A mediodía de hoy, principios del silglo XXI,  por Félix Fernández de Castro (bucker125)